miércoles, 1 de agosto de 2012

Alegato de fiscalía. 13. Palabras finales del fiscal Abel Córdoba. Borges, Gombrowicz y Cortázar.


doctor CÓRDOBA (Fiscal)
Retomando esta temática y en modo previo a desarrollar el petitorio, haré referencia a algunos aspectos de relevancia, a partir de dar explicación a alguna de las circunstancias ocurridas en esta sala de audiencia.
Jorge Luis BORGES en la “Utopía de un hombre que está cansado”, habla como un arqueólogo que explora en el futuro las ruinas de las ciudades contemporáneas y dice: “a juzgar por las ruinas de Bahía Blanca, que tuve la curiosidad de explorar, no se ha perdido demasiado”. La imagen de Bahía Blanca en ruinas es el efecto del paso de la acción militar, policial y penitenciaria de estos acusados. Bahía Blanca ha sido un lugar particularmente adverso para el desarrollo de estos juicios, no solo en la actualidad. Esa adversidad actualizó la denominación que los pueblos originarios, el pueblo Mapuche, le daba a este lugar: “la tierra del demonio”. Si bien es una sociedad que se encuentra singularmente aún en el retraso en muchas áreas de la institucionalidad democrática, por la presencia contundente de las fuerzas armadas y del entramado social corporativo, aún tributario en algunos casos del que produjo el Terrorismo de Estado; si bien persiste particularmente ese rasgo, Bahía Blanca es el sitio de las víctimas que han venido ante el Tribunal a dar cuenta, y mientras este suelo seguía hostil, sostuvieron no solo con fortaleza el reclamo sino con una finalidad clara: exigían, exigieron y siguen exigiendo que el juzgamiento de estos hechos lo haga el Poder Judicial, lo hagan jueces del estado democrático. Las personas que estaban acá supieron distinguir, aún cuando el Poder Judicial estaba plagado por la inoperancia, o aún con la complicidad, que esa no era la función del Poder Judicial, y han llegado aquí hasta con esfuerzo. Ha sido ese esfuerzo el que posibilita que este Tribunal tenga hoy en sus manos la posibilidad histórica de condenar por primera vez en esta ciudad, los crímenes del Terrorismo de Estado.
Como una continuidad de lo que desarrolló el Fiscal Félix CROUS, hago también alusión que estos crímenes, las conductas de estos acusados, llegaron a conmover la dimensión cultural de la existencia humana. GOMBROWICZ, desarrolla la idea que la cultura es el intento por posdatar la muerte. La muerte que en estado natural y como parte de la biología humana, es una muerte proyectada durante toda la vida, que tiene una presencia virtual, continua, latente. Con las desapariciones  y masacres, estos acusados arrancaron esa dimensión cultural que tenía la vida. En las condiciones del Terrorismo de Estado que estos acusados impusieron en esta ciudad, cortaron la proyección natural de la vida y la muerte joven pasó a ser la regla. Estar muerto, ser asesinado, ser masacrado por las fuerzas militares, por el ejército o las fuerzas que tenían bajo control, para los jóvenes -sobre todo los militantes de Bahía Blanca- fue una condición posible. Naturalizaron la muerte, y así conmovieron la dimensión cultural que tiene la existencia humana en sociedad.  Es por eso y por haberlo hecho desde el oficio militar, que el Tribunal debe meritar también esa condición y condenar las conductas de estos acusados que la ejecutaron a partir de las convenciones retrógradas que “al enemigo se lo mata, se lo elimina, se lo desaparece”. No les alcanzaba la exhibición onerosa, prepotente en los desfiles militares, ni se conformaron con controlar o dominar a sus oponentes. Impusieron la muerte, los baños de sangre y las masacres que consumaron fueron los fastos sangrientos del Terrorismo de Estado con los que se deleitaron bajo el cobijo de la impunidad.
El juzgamiento excede lo que ocurrió en un CCD, es el juzgamiento de una secuencia de crímenes que forman parte de la historia local que atravesó esta región. Este juicio oral funcionó como un espacio, más allá de su conformación legal, el espacio de esta sala fue legitimado por los  testimonios de las víctimas, lo hicieron tras 35 años de espera, esfuerzo y obstinación.
Lo hicieron los que pudieron, porque hubo otros que no llegaron: hace dos días murió el padre de Nancy CEREIJO, murió esperándola y buscándola. Una de las testigos Elvira CEREIJO otra de sus hijas, manifestó ante el Tribunal que en los raptos de lucidez que tenía en su senilidad, su padre aún buscaba a Nancy. En este espacio se evocó por primera vez en público a algunas de las víctimas.
La madre de Patricia ACEVEDO pudo por primera vez hablar en público  de su hija asesinada, de su propio secuestro. Es algo que tuvo que mantener oculto en su entorno, y ayer la veíamos sentada en la sala de audiencia orgullosa y expectante, por haber contribuido con su testimonio a lograr que se condene a los asesinos de su hija. Y esa vocación absolutamente humana, tuvo su punto quizá más brillante cuando se le preguntó durante el debate, cómo era su hija. Pese a estar rememorando los momentos más dolorosos de su vida, se le iluminó el rostro y dijo que “era hermosa”.
Que este ámbito funcione como un espacio legítimo para quienes han sido víctimas de estos criminales, representa una enorme responsabilidad profesional y humana, como ha sido  para quienes estamos acusando desde el Ministerio Público Fiscal. También lo ha sido seguramente para los señores jueces, quienes han llegado a la abogacía y luego a la magistratura movidos por sentimientos de justicia que están a punto, que tienen en su decisión el ejercicio, la posibilidad del ejercicio de la sentencia más relevante, no solo para la trayectoria profesional de cada uno de ustedes, sino también de la historia del poder judicial local.
E insisto en que esta dimensión espacial es sumamente relevante, porque quienes han padecido las desapariciones, las víctimas, sus familiares temporariamente para aquellos que luego aparecieron, o quienes siguen padeciendo las desapariciones, han hecho referencia a que la dimensión espacial es una de las que suprime el Terrorismo de Estado cuando hace desaparecer a una persona.
Nosotros vivimos continuamente en la dimensión temporal y espacial.
La conducta de estas personas hizo desaparecer una de las dimensiones de la existencia humana, la dimensión espacial.
La hija de Daniel BOMBARA, -Paula BOMBARA- en uno de sus libros cuenta que cuando era chica no podía entender cómo su padre no estaba en ningún lugar, y entonces lo tenía que imaginar mirando a una estrella.
La hija que sobrevivió al secuestro y desaparición de sus padres –BOSSI- tiene a su padre desaparecido y a su madre cuyos restos fueron identificados, cuando se le preguntó cuál era la dimensión que tenía esa reaparición, dijo que a su madre tenía un lugar donde pensarla, pero que a su padre seguía sin tener el lugar donde pensarlo. Esto habla también de la profundidad de la afectación de la vida de las personas que han arrasado estos acusados.
Voy a leer una parte de la ponencia de CORTAZAR a la que hizo referencia el Fiscal Félix CROUS, pronunciada en un coloquio ante el Senado francés en 1981, donde se retoma esta idea de lo demoníaco como forma, aunque pareciera irracional una vez que estos hechos han salido de la posibilidad de ser captados por la racionalidad en toda su dimensión.
“Si las cosas parecen relativamente explicables en cuanto a la superficie, digamos los propósitos, los métodos y las consecuencias de las desapariciones, queda sin embargo un trasfondo irreductible a toda razón, a toda justificación humana. Y es entonces que el sentimiento de lo diabólico se abre paso, como si por un momento hubiéramos vuelto a las vivencias medievales del bien y del mal, como si a pesar de todas nuestras defensas intelectuales lo demoníaco estuviera aquí, una vez más, aquí diciéndonos ‘¿Ves? Existo. Acá tenés la prueba.’ Si toda muerte humana entraña siempre una pérdida irrevocable, qué decir entonces de esta ausencia, que se sigue dando como presencia abstracta, como obstinada negación de la ausencia final. Por encima y por debajo de las consideraciones jurídicas, los análisis y las búsquedas normativas en el terreno del derecho interno y del derecho internacional, es de este pueblo las sombras de los desaparecidos que estamos hablando. Si de algo siento vergüenza frente a este fratricidio que se cumple en el más profundo secreto, para poder negarlo después cínicamente, es que sus responsables y sus ejecutores son argentinos, o uruguayos, o chilenos, quienes antes o después de cumplir su sucio trabajo salen a la superficie, se sientan en los mismos cafés, en los mismos cines, donde se reúnen aquellos que hoy o mañana pueden ser sus víctimas. Y lo digo sin ánimo de paradoja: más felices son aquellos pueblos que pudieron o pueden  luchar contra el terror de una ocupación extranjera. Más felices, si, porque al menos sus verdugos vienen de otro lado, hablan otro idioma, responden a otras maneras de ser. Cuando la desaparición y la tortura son manipuladas por quienes hablan como nosotros, tienen nuestros mismos nombres y nuestras mismas escuelas, comparten costumbres, gestos, provienen del mismo suelo y de la misma historia, el abismo que se abre en nuestra conciencia y en nuestro corazón es infinitamente más hondo que cualquier palabra que pretenda describirlo. Precisamente por esto, porque en este momento tocamos fondo como jamás lo tocó la Historia, llega sin embargo de etapas sombrías nuestra historia precisamente por esto: hay que asumir de frente y sin tapujos esta realidad que muchos pretenden dar por terminada. Hay que mantener en un obstinado presente, con toda su sangre e ignominia, algo que ya se ha querido hacer entrar en el cómodo país del olvido. Hay que seguir considerando como vivos a los que acaso ya no lo están, pero tenemos la obligación de reclamar uno por uno. Hasta que la verdadera respuesta muestre finalmente la verdad que hoy se pretende escamotear.”