miércoles, 1 de agosto de 2012

Alegato de fiscalía. 9.5 Acusación a Mario Carlos Antonio Méndez.


doctor CÓRDOBA:
13.- Mario Carlos Antonio MENDEZ: es un oficial retirado del Ejército Argentino, nació el 8/3/53 en Río Cuarto, Córdoba, egresó del Colegio Militar en  12/74, en la promoción 105. El primer destino fue el Regimiento de Infantería 25 de Colonia Sarmiento, allí ya fue Jefe de sección. El 22/11/75 como vemos en el legajo llegó en comisión al V Cuerpo.
Estos arribos en comisión fue explicado por uno de los comandantes, que ante la inminencia del golpe de Estado se inició una “gira” por diferentes unidades del V Cuerpo y como parte de una instrucción general, un comandante fue reclutando oficiales jóvenes para la lucha contra la subversión: MASSON, CASELLA, O’DONELL, SOSA, MENDEZ. Este arribo de MENDEZ a fines del ’75 da cuenta que el golpe de Estado no fue abrupto sino planificado, adecuando la estructura orgánica.
Como subteniente llegó en noviembre del ‘75, calificado por el Ayudante General del V Cuerpo y por el Jefe de la Compañía comando y servicios. Por el período ’76 fue calificado por el Jefe de la Compañía comando y servicios, por el segundo Jefe y por CATUZZI. En este periodo fue sancionado por el tratamiento desconsiderado a un soldado. Esto es absolutamente compatible con el perfil personal que han hecho de él, quienes recuerdan su paso por el V Cuerpo. Fue calificado con el máximo puntaje como uno de los pocos sobresalientes para su grado; posteriormente calificado como muy satisfactorio para su grado, en razón de esta sanción. Por otra parte sus superiores no tuvieron objeciones que formular, respecto de la actuación de MÉNDEZ durante su desempeño operativo, en el ámbito del Terrorismo de Estado.
Al prestar declaración indagatoria MENDEZ se explayó sobre los hechos por los que se lo acusa. Respecto del doble homicidio de calle Fitz Roy, los casos HIDALGO, SOUTO CASTILLO, se sorprendió por el testimonio de JULIAN; dijo que él como oficial militar no podría haberle dado detalles del operativo, dado el secreto profesional. Esto es refutado por los innumerables testimonios que dan cuenta de la locuacidad de MENDEZ y el entusiasmo posterior que demostraba después de estos hechos.
Dijo que ese día había estado de franco, que se integró un grupo destinado a controlar las calles que rodeaban el lugar,  que estuvo a mando de CASELLA, que era un rejuntado de gente porque era día feriado. Que el operativo fue entre las 22:00 y 22:30 horas. Que hubo personal militar que llegó antes que él y se había tiroteado con los moradores. Que hubo una explosión, que un oficial subió una escalera. Que él no llegó al cuarto piso, solo al segundo, que un oficial entró. Que la explosión fue por una granada o una trampa “cazabobos”. Que luego se escucharon disparos. Que nunca llegó al lugar donde ocurrió el problema. Admitió que si el Ejército llegó a ese edificio, fue porque había habido una tarea de Inteligencia previa, textualmente, “para buscar algo”.
El se retiró con un oficial herido y nunca más preguntó nada ni se enteró de lo que pasó.
Después dijo que él fue quien trasladó elementos secuestrados en el lugar, al arsenal de Pigüe.
Que al único superior que vio allí fue a IBARRA. Agregó que había oficiales que hacían tarea de vigilancia.
Respecto al homicidio de ACEVEDO dijo que fue convocado, para ir con la Agrupación Tropa, con el equipo de lucha contra la subversión,  para efectuar un cerco perimetral en el lugar.
Nunca llega más cerca de los hechos, siempre está en la adyacencia de las operaciones que luego, lo tienen como protagonista según los testimonios.
Que el comandante ASPITARTE le ordenó concurrir como apoyo. Que fue destinado a la parte trasera de la vivienda y que cuando estaba ubicado en la vereda, cerca de unos árboles, estalló una bomba que lo hirió gravemente y fue trasladado al Hospital Militar Central. Dijo que la bomba fue arrojada por los ocupantes de la vivienda y que luego, tiempo después, se enteró que en ese enfrentamiento había muerto Patricia ACEVEDO. Negó conocer las circunstancias del caso PRINCIPI y las torturas que este recibiera, que fueron el antecedente necesario, imprescindible, para que el equipo de lucha contra la subversión diera con el paradero de ACEVEDO y la aniquilara allí donde la encontró.
En el caso  ENET pese a que fue reconocido por una de las víctimas, llevando a cabo el traslado de un CCD clandestino a otro, de esos seis adolescentes, negó absolutamente cualquier participación; que por su grado no pudo haber hecho eso. Eso está desmentido por varias constancias, donde el grado de subteniente era suficiente.
Respecto a sus condecoraciones, dijo que él no se propuso para las distinciones, pero que sus superiores habían valorado los hechos y cómo había evacuado un teniente, además dijo que él no podía negarse a recibir una condecoración. Respecto de los hechos de ACEVEDO y la otra condecoración, dijo que la recibió por haber sido herido.
El relato de MENDEZ fue coherente, no tuvo contradicciones, lo que ocurre es que no se acerca a la verdad. Lo que está en cuestión es que ni siquiera pasa cerca de la verdad.
La verdad del hecho de Fitz Roy está en el cuarto piso, MÉNDEZ  a bordo de su mentira llega al primero, a riesgo de contradecirse o admitir su participación.
Lo mismo con el homicidio de ACEVEDO, con su relato falso no puede pasar por la vereda, a riesgo de contradecirse o admitir la verdad de la imputación, que es lo que la Fiscalía considera probado.
Es absolutamente inadmisible que  MENDEZ haya ido, tanto a Fitz Roy 137 como a Chiclana 1009, sin saber cuál era el objetivo, ni con quién iba, ni cuál era la tarea que tenía que desarrollar. Incurrió en la misma falsedad del resto de los acusados: que hacía controles de ruta, junto con los otros controladores MANSUETTO, MASSON, incluso BAYÓN. Cada uno de los oficiales acusados, o hacían controles de ruta o estaban avocados al conflicto limítrofe con Chile.
Reconoció durante la indagatoria, que lo apodaban “el loco de la guerra”, innumerables testigos dieron razón de ese apodo.
Respecto al CCD dijo que lo conocía en la medida que lo conocían todos, pero era restrictivo ingresar ahí.
No lo era para sus compañeros de grado y destino, CORRES y SOSA, ni para sus superiores. Fue reconocido por una de las víctimas cuando fue liberada, disponía de poder sobre esos cuerpos que estaban en el CCD. Negó haber revistado en la Agrupación Tropas, pero que podía integrarse si no tenía otras tareas. Dijo que vio familiares en el Comando, pero que no sabía para qué iban.
Desconocía por qué se lo ofreció como aval en los hechos de GONZALEZ CHIPONT. Evidentemente con los elementos probatorios reseñados en actos, ha surgido su participación constante en los hechos, en los operativos mencionados durante el juicio. Ninguno de los argumentos de MENDEZ en su indagatoria logró conmover el universo probatorio: seguramente las pruebas aportadas en el debate producirán la ampliación de la acusación en su contra formulada en primera instancia, ya que ha surgido su participación en otros hechos.
La responsabilidad de MENDEZ está a partir de su actividad: hay una preponderancia de la actividad operativa sobre el destino formal. El destino formal de MENDEZ era la Compañía Comando y Servicios, pero su destino oficial era estar en todos los operativos. Donde se logra identificar a alguien, enseguida aparece MENDEZ como uno de los oficiales preponderantes en los operativos.
Su sola presencia en el V Cuerpo se debía a estar avocado a esa finalidad.
Esta finalidad la valoró PAEZ en su indagatoria, a partir que  era un subteniente joven, soltero, los que eran convocados para la lucha contra la subversión.
En el caso de ACEVEDO, al alegar el hecho ya fue dicho que ella había sido fijada como “blanco”. Que los grupos operativos que integraba MENDEZ tenían como objetivo dar con ella. Y cuando dieron con ella en Chiclana 1009, procedieron –en cumplimiento estricto de la orden secreta que el general VIOLA había dado el 17/12/76, dos meses antes- a aplicar la fuerza de combate con la violencia máxima, y cumplieron con el precepto que cuando las fuerzas armadas entraban en operación no podían cancelar  el operativo ni aceptar rendiciones. El grupo operativo estuvo a cargo de IBARRA y GONZALEZ CHIPONT, e integrado por MENDEZ, entre otros.
En el caso de Fitz Roy, es determinante el testimonio de Félix JULIAN, con quien incluso fue careado y obviamente, no logró conmover ninguno de los aspectos que determina su responsabilidad.
Estaba MENDEZ a cargo de la custodia de ASPITARTE, según dijo, lo cual lejos de desincriminarlo lo coloca en contacto directo con el máximo responsable de la cadena de mandos, y habla de su especial ubicación dentro de esa cadena: se movía de modo inorgánico en las fases operativas o directamente con el comandante, tenía tropa a su mando, recibía órdenes de IBARRA, las transmitía y ejecutaba. Todo esto fue confirmado, incluso por IBARRA.
Conocía las órdenes de aniquilación del Ejército, y adhería a ellas según las declaraciones de JULIAN.
En la indagatoria ante el Tribunal, dio cuenta que era conciente de lo que estaba haciendo: sobre la ilegalidad de los operativos,  dijo que era propio del Ejército de los años ’70, distinguiendo esa época de la posterior en democracia.
Que el integraba “la operacional” o el equipo de lucha contra la subversión, lo acreditaron los testimonios de FONTI y TARANTO, quienes  compartían con él el alojamiento en la Casa de Huéspedes. Que participaba en los operativos de secuestro y en los enfrentamientos, fue confirmado por los entonces conscriptos CEVEDIO, BONIFACI, CAPOZZIO, TARANTO, LEZCANO, ETCHEVERRY, JULIAN.
Que luego admitía su participación y relataba a los conscriptos los pormenores de los operativos, fue corroborado por los testimonios de ALLENDE y JULIAN.
José BERNARDI declaró ante este Tribunal y confirmó como MÉNDEZ actuó en su secuestro, lo retuvo en el V Cuerpo, lo liberó de noche y a las pocas cuadras fue secuestrado.
Que era temido por los conscriptos también quedó acreditado, porque los testigos afirmaron que no querían conocer los detalles de los operativos sobre los que él hacía alarde. El propio JULIAN relató que él le había pedido que, por su propia seguridad, no le contara. Suponía que lo podían matar por ese conocimiento.
Su actuación en el CCD quedó corroborada junto a CORRES, por la testigo Vilma RIAL, quien al ser liberada reconoció a MENDEZ como a CORRES como quienes la sacaron del lugar y la llevaron a la terminal de ómnibus.
Su participación en el aniquilamiento de ACEVEDO quedó probada, y que ese operativo fue montado a partir de las torturas aplicadas en el CCD a PRINCIPI, secuestrado horas antes.
Participó activamente en el operativo de Fitz Roy, en el aniquilamiento de HIDALGO y CASTILLO, siendo MENDEZ quien  personalmente ultimó a CASTILLO. Lo corroboran BONIFACCI, JULIAN y Eduardo HIDALGO.
Se probó con el testimonio de LEZCANO, cuando se presentó en la guardia del V Cuerpo ya se sabía que MENDEZ había matado a una subversiva (refiriéndose a ACEVEDO). La fecha coincide exactamente con el hecho de Patricia ACEVEDO.
El testimonio de FONTI y TARANTO corrobora que las heridas recibidas en el hecho de ACEVEDO, fueron por el rebote de balas del propio ejército.
GONZALEZ CHIPONT ofrece como aval en este hecho, lo que debe ser valorado como prueba de la participación directa de MENDEZ.
Como se dijo al alegar la materialidad de los hechos, tanto en el caso de Fitz Roy como el de Chiclana, quedó probado que no hubo enfrentamiento armado alguno, fueron dos operativos destinados al aniquilamiento y fueron hechos sin ningún tipo de contemplación, no se comprobó resistencia alguna de las víctimas.
Con motivo de estas operaciones fue condecorado dos veces: el 14/11/76 por “heroico valor en combate” en los hechos de Fitz Roy, por el hecho de ACEVEDO como “herido en combate”. Ambas constan en su legajo.
Respecto a las distinciones dijo que él no había combatido, no había entablado combate cuerpo a cuerpo en ninguna de las dos ocasiones, por lo que ignora el motivo de su primera condecoración. En cuanto a la segunda y la herida recibida, se limitó a ensayar una defensa diciendo que integraba un operativo sin saber para qué, sin mucha noción de lo que ocurrió.
Habría qué pensar lo que harían sus superiores si escucharan esta versión: ¿quién lo iba a condecorar si él estaba parado a la sombra de un árbol en febrero del ’77, cerca de un hecho? ¿Cuál fue el mérito? El mérito decide hacer una acción especial –convocó a miembros de la Armada-  y lo presentó como símbolo del Ejército. No lo hubieran condecorado y él tendría que desagraviar al Ejército por haber recibido injustamente esas condecoraciones.
Por el contrario esas condecoraciones, en la lógica de ese Ejército, estaban bien otorgadas.
Si uno lee los boletines reservados del Ejército, hay expresa mención al mérito del personal que integra el mismo en las acciones llevadas a cabo contra la delincuencia subversiva. Eso contradice fatalmente las versiones de MENDEZ y la vuelven insostenibles.
El fundamento para entregarle la medalla por los hechos del  14/11/76 fueron las operaciones realizadas entonces.
En otro boletín informativo del ejército y referido a los hechos de 2/77, se considera su actuación “en defensa de la Patria” como “hechos que merecen la distinción del ejército”.
Nada de esto es compatible con la pasividad que pretendió oponer.
Las condecoraciones corroboran su participación activa, su entrega, confirma su temeridad que los testigos declararon como un rasgo distintivo de su conducta. El apodo “el loco de la guerra” no era solo un apodo: era capaz de lleva esa conducta a la práctica. Fueron los rasgos personales y profesionales de MENDEZ, los que lo destacaron en estos hechos, son desfavorables para actuar encubierto.
Se acreditó en forma concluyente que MENDEZ es el autor de los hechos que se le imputan, y debe ser condenado por la responsabilidad directa en cada uno de ellos.
Destaco el valor que debe darse al testimonio de LOPEZ, quien lo reconoció en el paso de un CCD a otro, que reconoció el nombre de MENDEZ en el uniforme, así como a la persona. Fue sometido a minuciosas preguntas –hasta el absurdo- por la defensa, lo que resultó fue una mayor certeza de LOPEZ. Fue corroborado por el testigo ETCHEVERRY, quien fue llevado a ese operativo como conscripto.
En el mismo sentido se pedirá su condena por los hechos que damnificaron a Daniel HIDALGO, Olga SOUTO CASTILLO y Patricia ACEVEDO.
Sostengo una vez más que el propósito de avanzar contra la población, secuestrar, torturar y matar, hacía imprescindible la actuación de personal que fuera capaz de consumar estos actos. La planificación de estas operaciones estuvo a cargo de los oficiales superiores, pero la faz ejecutiva estuvo a cargo de oficiales como MÉNDEZ, con la disposición y la incondicionalidad como para consumar cada uno de estos hechos. Por lo tanto se pedirá luego, a este oficial operativo por excelencia y protagonista recordado por los homicidios que ha cometido y cada uno de los atropellos, tanto en el CCD como en las calles de Bahía Blanca, su condena como responsable directo de cada uno de los hechos por los cuales fuera acusado.